Ser madre y periodista en el exilio: Maryorit Guevara cuenta su experiencia
El exilio obligó a Maryorit Guevara a comenzar de nuevo. Periodista, defensora de derechos humanos y madre monoparental, reconstruye cada día su vida lejos de Nicaragua mientras saca adelante a su hijo y enfrenta la pérdida de las redes familiares, laborales y afectivas que antes le brindaban apoyo. A pesar de ello, se ha aferrado al periodismo como una forma de resistencia, memoria y compromiso con un país que anhela volver a ver en democracia.
En entrevista con la Fundación por la Libertad de Expresión y Democracia (FLED), la directora y fundadora del medio digital La Lupa Feminista confiesa que incluso antes de 2018, su vida ya era una carrera de resistencia.
“Yo soy una madre monoparental. Antes de 2018 trabajaba como periodista y muchas veces me tenía que llevar a mi hijo cuando estaba de turno hasta las dos de la madrugada y tenerlo allí en la sala de redacción”, comparte.
Guevara señala que desde el nacimiento de su hijo, ha enfrentado diferentes procesos en los que intentó que la justicia la acompañara para hacer valer los derechos del menor, sin embargo, asegura que hasta la fecha sigue siendo el único sostén de su hijo.
En Nicaragua, recuerda, tenía algo que hoy considera lo que más extraña del exilio: una red de apoyo. “Tenía un trabajo y en ese trabajo compañeras y amigas que me ayudaban con el niño. Tenía mis propios espacios a los que iba para compartir sobre mi profesión, sobre los temas que me interesaban, sobre feminismo, pero también tenía espacios para divertirme con mis amistades de toda la vida. Tenía mi familia”, apunta.
Guevara asegura que contaba con una comunidad de afecto y cuidado que pese a las circunstancias de su maternidad, le ayudaba a sostener la vida cotidiana. Pero el exilio alteró por completo esa realidad, “rompió la vida que yo conocía, la vida que conocía mi hijo. Yo no solo perdí Nicaragua, también perdí todas esas redes que estaban ahí para mí. Ahora ejercer la maternidad y el periodismo en medio de la sobrevivencia que hay en el exilio recae completamente sobre mis hombros”.
Remarca que el exilio lo ha vuelto todo más complejo y más pesado y lo ejemplifica con que sus amigas le dicen: “‘Mar, pero ya no te pones los tacones aquellos de colores bonitos que te ponías’. No, ni los tengo ya. Aquí en España yo solo ando en tenis porque no me da tiempo. El autocuidado se va”, lamenta.
La periodista, asegura que reconstruir una vida desde cero, llegar a otro país con apenas tres maletas y tratar de mantener vivo el compromiso con el periodismo y la defensa de la libertad de prensa en Nicaragua implica enfrentar condiciones de enorme precariedad.
“Brutal decir Maryorit, directora fundadora de La Lupa Feminista”, pero yo no tengo un salario y ahorita los fondos que nosotras tenemos también son muy bajos, explica.
“Quisiera dedicarme solo al periodismo, pero no me ha dado de comer, no me ha permitido sobrevivir en ningún momento. Y ahora que tengo un hijo y estoy en el exilio, me toca sopesar qué es lo que más va a ayudar a la sostenibilidad de la vida de mi hijo acá y tomar esa decisión”, expone.
“Lo que hago es priorizar”
Guevara confiesa que aunque desde fuera pueda parecer que ha encontrado un equilibrio entre la maternidad y el periodismo la realidad es mucho más compleja. “Creo que una de las cosas que aprendí en el exilio es dejar de exigirme perfección en mi vida, dejar de cumplir esos cánones de vida perfecta que uno tiene que aparentar y que muchos aparentan en redes sociales ante la crítica”, señala.
“Hay días que soy más madre que periodista, hay días que soy más periodista que madre. Hay días que soy más defensora de derechos que periodista y otros en los que las urgencias del trabajo te van ocupando todos los espacios”, reflexiona la periodista.
Frente a esa realidad, asegura que ha aprendido a priorizar y mantener una lista mental sobre lo más importante en su vida y otra, más concreta, sobre las tareas urgentes del trabajo. También ha tenido que diversificar sus fuentes de ingreso para sobrevivir y continuar sosteniendo el proyecto periodístico que fundó.
Admite que hoy ejerce el periodismo más por el compromiso de mantener viva una voz como la de La Lupa Feminista y por la defensa de la libertad de prensa en Nicaragua que porque le permita vivir de ello.
“No es fácil. Hay mucho cansancio, demasiada incertidumbre y muchísima soledad. Pero creo que hemos aprendido a celebrar las pequeñas victorias y a reconocer que tenemos que seguir adelante. Y que hacerlo, solo hacerlo, levantarte cada día, ya es un logro enorme”.
Guevara prefiere definirse como una mujer resolutiva y reconoce que no siempre se siente fuerte pues hay momentos de agotamiento, tristeza y dudas. Sin embargo, encuentra razones para seguir adelante. “Como madre, aprendo que incluso cuando siento que ya no puedo más, tengo que buscar de dónde sacar una reserva de energía para seguir y resolver lo que hay que resolver”.
También la sostiene la seguridad de que Nicaragua volverá algún día a la democracia y de que quienes se vieron obligados a salir del país podrán regresar. “Yo sigo teniendo la convicción de que vamos a regresar a Nicaragua. ¿Cuándo, cómo y dónde? No lo sé. Pero sigo creyendo que la dictadura va a caer, que vamos a entrar en un proceso de transición democrática y que quienes hemos salido del país vamos a poder regresar”.
Esa esperanza también atraviesa su trabajo periodístico y comparte que cuando se sienta frente a una hoja en blanco para pensar un tema, decidir cómo se va a desarrollar, con quiénes se va a hablar, cuáles serán los enfoques y los contextos, siempre tiene presente que lo que hace es parte de la reconstrucción de una memoria colectiva de un país que no puede quedar en el olvido.
Insiste en que “al final, ser resiliente no es no quebrarse. Es quebrarse y levantarse las veces que sea necesario, incluso cuando nadie está viendo el esfuerzo que eso implica en la vida de cada uno”.

Una fecha marcada por la memoria
Para Guevara, desde 2018, el Día de las Madres dejó de ser para muchas nicaragüenses una fecha dedicada únicamente a la celebración pues la represión de ese año transformó para siempre el significado de ese día.
“La dictadura se encargó de arrebatarles a las madres nicaragüenses la posibilidad de vivir este 30 de mayo, y todos los 30 de mayo siguientes, como una fecha únicamente de alegría”, afirma.
Apunta que “ahora es una fecha de memoria, duelo y denuncia. Un día en el que se reivindica la lucha por una Nicaragua libre y se exige justicia para los más de 300 asesinados, para quienes están presos injustamente, para quienes han sido desterrados y también para quienes estamos exiliadas”, señala.
Para Guevara, después de siete años fuera de Nicaragua, su hijo celebra el Día de la Madre en España, mientras que para ella el 30 de mayo sigue siendo una fecha imposible de olvidar. “Ahora tengo dos días: uno para celebrar y otro para reivindicar”, apunta.
Añade que esta fecha también ha significado pasar este día lejos de su madre, quien permanece sola en Nicaragua mientras sus hijos viven dispersos en distintos países. “Todos mis hermanos estamos exiliados en diferentes países y mi madre se ha quedado sola en Nicaragua”, cuenta e insiste que ya no se trata únicamente de celebrar sino también “de acompañarlas en su dolor y reconocer la dignidad con la que han exigido verdad, justicia y memoria frente a la impunidad que reina en Nicaragua”.
“No están solas, aunque muchas veces el exilio y la represión transnacional nos hagan sentir así”
Al hablar de las madres periodistas que han enfrentado el exilio o han permanecido en silencio dentro de Nicaragua después de 2018, Guevara habla desde una experiencia que conoce bien. “Creo que les diría que no están solas, aunque muchas veces el exilio y la represión transnacional nos hagan sentir así”, afirma.
La periodista asegura que sabe lo que significa criar a un hijo lejos de Nicaragua, sin las redes familiares y de apoyo que antes ayudaban a sostener la vida cotidiana. También conoce las historias de mujeres que han tenido que ejercer una maternidad a distancia o atravesar embarazos, maternidades y duelos lejos de sus hogares.
“Sabemos también lo que significa hacer periodismo en el exilio. Significa precariedad, no tener ni siquiera a quién pedirle prestado para pagar las cuentas o resolver una emergencia cotidiana y al mismo tiempo, intentar informar con el rigor y el compromiso que siempre han caracterizado a esta profesión”.
A pesar de las dificultades, considera que el trabajo de las periodistas nicaragüenses sigue siendo importante y que su esfuerzo tiene un gran valor para el país. “La maternidad no nos hace menos periodistas, así como el periodismo no nos hace menos madres”, destaca.
Guevara señala que históricamente se ha cargado demasiadas veces con la idea de que las madres deben poder con todo. “Estoy cansada de esa idea”, dice e insiste en la importancia de pedir ayuda, construir nuevas redes y acompañarse mutuamente en los momentos más difíciles. “A mí me cuesta”, confiesa. Sin embargo, considera necesario alzar la voz cuando se atraviesan momentos de oscuridad, construir nuevas redes y reconocerse entre mujeres.
Guevara sostiene que pese a todo lo que el exilio y la represión les han arrebatado, las mujeres periodistas conservan la capacidad de acompañarse mutuamente, contar la verdad y seguir imaginando un futuro diferente para sus hijos y para Nicaragua. “La dictadura nos ha quitado muchas cosas, pero no nos ha quitado la capacidad de acompañarnos, de contar la verdad y de seguir imaginando un futuro diferente para nuestros hijos y para Nicaragua”.
Aunque el exilio no fue una decisión elegida, asegura que muchas madres continúan adelante impulsadas por el deseo de construir un mejor futuro para sus hijos y por la esperanza de regresar algún día a su país.
“Estamos intentando que nuestros hijos tengan un mejor futuro. Aunque estemos lejos de Nicaragua, seguimos viviendo con la esperanza de volver”, finalizó.

