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Nicaragua: seis realidades de un periodismo obligado a trabajar en la sombra

Ocultar que se trabaja como periodista, evitar que una fuente sea identificada o guardar silencio cuando un colega es detenido son decisiones que difícilmente forman parte de la rutina periodística en un país que respete los derechos humanos, pero en Nicaragua sí forman parte de ella y afectan tanto a quienes permanecen en el país como a quienes salieron al exilio.

En pleno 2026, estas son seis situaciones que muestran hasta dónde han cambiado las condiciones para informar sobre Nicaragua.

1. Familias que callan ante la detención de un periodista

Cuando un periodista es detenido, el temor alcanza también a su familia y ante la falta de información sobre su paradero o las condiciones en las que se encuentra, sus familiares evitan realizar denuncias públicas, proporcionar detalles sobre lo ocurrido o incluso confirmar la detención, por temor a que hablar agrave la situación o provoque nuevas represalias.

2. Regresar del exilio ante las dificultades para obtener refugio

Salir del país en condición de exilio tampoco garantiza protección permanente, ya que las dificultades para obtener asilo, regularizar la situación migratoria o acceder a otros mecanismos de protección internacional en los países de acogida pueden colocar a periodistas exiliados ante la posibilidad de regresar a Nicaragua y mantenerse ocultos en su propio país mientras encuentran un tercer país y puedan resguardarse.

3. Negar ser periodista y fingir no conocer el contexto del país

La mayoría de los periodistas independientes que permanecen en Nicaragua ocultan su profesión como medida de seguridad, utilizan seudónimos para publicar y algunos mantienen otro empleo para evitar que su actividad periodística sea identificada.

También toman precauciones al buscar información, evitan preguntas que puedan revelar que investigan un tema y en ocasiones, fingen desconocer hechos sobre los que trabajan para no despertar sospechas.

4. Fuentes tienen miedo de hablar

El temor a la censura y las represalias también alcanza a las fuentes de información, pues algunas personas rechazan entrevistas y otras solamente aceptan hablar bajo anonimato para evitar ser identificadas. Esto obliga a los periodistas a extremar las medidas de seguridad para evitar que la información facilitada por las fuentes sea vinculada con determinada pieza periodística.

5. Ataques que atraviesan las fronteras

El hostigamiento y amenazas no termina necesariamente con el exilio, ya que periodistas que viven fuera de Nicaragua continúan enfrentando amenazas, campañas de difamación, exposición de datos personales y ataques en redes sociales. Incluso su situación migratoria o los trabajos que realizan para subsistir pueden ser utilizados para ridiculizarlos o intentar desacreditar su trayectoria y su trabajo periodístico.

6. Nicaragua el único país del continente sin un periódico impreso

En Nicaragua ya no circulan periódicos impresos, y los medios que continúan informando sobre la situación del país operan en formato digital. La confiscación de sus instalaciones, junto con la pérdida de publicidad y de otras fuentes de ingresos, también ha transformado las condiciones en las que estos medios producen y distribuyen información sobre Nicaragua.

Estas situaciones ofrecen apenas una mirada a las condiciones en las que se ejerce el periodismo independiente en Nicaragua, donde las realidades varían entre municipios y departamentos y pueden ser aún más complejas.

Informar ya no consiste únicamente en encontrar una historia, comprobar los hechos y publicarlos, sino también en medir qué se pregunta, a quién se contacta y qué información debe protegerse para reducir los riesgos para periodistas y fuentes. En 2026, contar lo que ocurre en Nicaragua sigue siendo un trabajo que puede tener consecuencias que van desde las amenazas y el exilio hasta la pérdida de la libertad y de la vida.