Nicaragua enfrenta obstáculos para formar una nueva generación de periodistas independientes

El periodismo independiente nicaragüense enfrenta una amenaza que va más allá del cierre de medios, el exilio y la persecución: la dificultad de formar a la generación que deberá contar lo que ocurre en el país durante los próximos años. 

La salida forzada de periodistas experimentados, la desaparición de redacciones y el cierre de universidades han debilitado el relevo generacional. A esto se suma el temor de ejercer una profesión marcada por la vigilancia, las amenazas y otras formas de hostigamiento. 

Datos de FLED muestran que al menos 310 periodistas y trabajadores de medios han salido de Nicaragua desde 2018 y decenas de medios han cerrado, mientras buena parte de las redacciones independientes que sobreviven trabajan desde el exilio. Además, 11 departamentos del país, equivalentes al 65 % del territorio nacional, carecen de medios independientes. 

La pérdida de periodistas no se explica únicamente por el exilio, durante 2024 desde FLED documentamos que al menos 52 abandonaron el ejercicio profesional debido, entre otras razones, al desempleo, los bajos salarios, el cierre de espacios informativos, los riesgos asociados al trabajo y la necesidad de buscar otras fuentes de ingresos. 

Las redacciones han sido históricamente espacios esenciales para la formación de periodistas, porque permiten transmitir conocimientos difíciles de adquirir únicamente en las aulas: cómo construir y cultivar fuentes, verificar información, investigar y comprender las dinámicas políticas y sociales de un territorio. 

Menos espacios para estudiar la profesión 

La formación universitaria en espacios que promovían el pensamiento crítico ha desaparecido en Nicaragua, con el cierre y confiscación de la Universidad Centroamericana (UCA) en 2023 se puso fin a uno de los principales espacios académicos que durante décadas formó a profesionales de la comunicación con una mirada crítica e independiente. La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH ha advertido sobre la falta de instituciones educativas capaces de formar nuevos comunicadores y ha señalado que esta situación puede contribuir a perpetuar el cerco informativo en Nicaragua. 

Si bien todavía existen carreras vinculadas a la comunicación y el periodismo, las actividades divulgadas por las propias universidades reflejan una formación orientada principalmente a la difusión de las políticas gubernamentales. 

Por otro lado, los jóvenes interesados en la comunicación están optando por áreas como la creación de contenido, el mercadeo digital o las relaciones públicas, percibidas como alternativas más seguras que el reporterismo crítico y de investigación. 

Algunos medios que operan desde el exilio intentan mantener espacios de aprendizaje para periodistas jóvenes, pero formar reporteros a distancia plantea nuevos obstáculos e implica trabajar con fuentes que temen hablar, mayores dificultades para verificar directamente lo que ocurre y riesgos para quienes todavía se dedican al periodismo. 

Los periodistas dentro y fuera de Nicaragua continúan expuestos a campañas digitales, amenazas, vigilancia y otras formas de intimidación relacionadas con su trabajo, lo que añade presión a quienes deciden permanecer en la profesión. 

Las consecuencias de esta pérdida de espacios de formación podrían hacerse más evidentes dentro de cinco o diez años. La pregunta no es solo quién contará Nicaragua entonces, sino qué se está haciendo hoy para que exista una nueva generación de periodistas preparados para hacerlo.