Cuando la persecución expulsa al periodismo, toda la sociedad pierde

Cada 20 de junio se conmemora el Día Mundial de las Personas Refugiadas, una fecha que invita a reflexionar sobre las consecuencias del desplazamiento forzado. En Nicaragua, la persecución contra la prensa independiente ha obligado a más de 300 periodistas y trabajadores de medios independientes a abandonar el país para proteger su libertad, vida e integridad.

Sin embargo, el exilio periodístico no es un fenómeno que solo golpea a quienes ejercen la profesión y a sus familias. Cuando un régimen obliga a los periodistas a huir, se fractura la democracia. Desde la Fundación por la Libertad de Expresión y Democracia (FLED), exponemos las principales consecuencias de este desarraigo forzado en la sociedad:

Fractura de la cercanía con las audiencias y las fuentes

El periodismo se construye a partir del contacto directo con las personas y las comunidades. La salida forzada de periodistas dificulta la relación cotidiana con las fuentes, el seguimiento permanente de los acontecimientos y la comprensión de sus dinámicas locales.

Aunque muchos periodistas continúan informando desde el exilio, la distancia geográfica limita el acceso a voces comunitarias, reduce la fiscalización en el territorio y dificulta la construcción de relaciones de confianza con nuevas fuentes que temen represalias.

 Debilitamiento de la fiscalización del poder desde el territorio

Los periodistas cumplen una función esencial de vigilancia sobre quienes ejercen el poder político, económico e institucional. Cuando son obligados a salir del país los reporteros, disminuye la capacidad de documentar abusos, irregularidades administrativas y violaciones a derechos humanos directamente desde las comunidades y municipios.

La ausencia de periodistas independientes en el territorio también debilita la investigación de asuntos de interés público y anula la cobertura de proximidad.

Reducción y asfixia del debate público

Los medios de comunicación no solo informan, son los espacios donde se intercambian ideas, se discuten los problemas de la nación y se confrontan distintas perspectivas.

La persecución judicial, el cierre de medios y el exilio de periodistas han provocado la desaparición de programas de análisis, entrevistas y debates que históricamente contribuyeron a enriquecer la conversación pública y el pluralismo informativo.

Expansión de los «desiertos informativos» y zonas de silencio

Los desiertos informativos son territorios o comunidades donde existe poca o ninguna cobertura periodística independiente. Hasta la fecha, FLED ha documentado 11 zonas de silencio en Nicaragua, sumado a las graves restricciones para la libre circulación de información en el resto del país.

Cuando periodistas y medios dejan de operar en determinadas zonas del país, las problemáticas locales dejan de documentarse y pierden visibilidad absoluta. Esto vulnera directamente el derecho de la ciudadanía a recibir información oportuna sobre la gestión pública, el estado de los servicios básicos, la seguridad local, el medio ambiente y el ejercicio de otros derechos fundamentales.

Como organización defensora de las libertades fundamentales y los derechos humanos, insistimos que garantizar condiciones para que el periodismo se ejerza libremente no es solo un deber de protección hacia los comunicadores; es la única vía para preservar el derecho de toda la sociedad a estar informada y participar de manera activa y consciente en la vida pública del país.